Fútbol Colombiano

Y un día se fue Lillo…

Es cierto. Juan Manuel Lillo no es más el técnico de Nacional, por más que el sábado anterior en rueda de prensa el presidente Botero lo haya ratificado. ¿De que sirvió entonces el apoyo de sus jugadores, Higuita y compañía ante la prensa en general?

Paso con pena y sin gloria.

Con todo y que la idea original era muy buena, hablamos de un juego ofensivo, de presión alta, de mucha salida de los laterales o extremos, de posesión para gobernar los partidos, de a poco y por distintas razones el ciclo no tuvo un final feliz y la idea en vez de evolucionar, de cuajar, desmejoró y se debilitó a tal punto que el equipo, antes de tiempo, salió a vacaciones.

Su relación con el plantel siempre fue la mejor. Por alguna u otra razón que desconocemos, ya que casi siempre se negó la oportunidad a la prensa de ver los trabajos, los jugadores siempre lo aceptaron. Mientras esa uniformidad de criterios crecía ya que todos aceptaban con el pulgar arriba la idea de juego, su distanciamiento con los medios y sobre todo con la hinchada era innegable y de a poco se volvía insoportable. Sus ruedas de prensa espesas en las que decía mucho y no decía nada terminaban por lo general enredando más que aclarando.

El equipo no encontró la forma. En defensa se volvió permeable porque precisamente le faltaban unidades para defender y en ataque salvo Dayro Moreno el resto casi siempre tomó malas decisiones. Su bandera fue la posesión de la pelota, todos los días hablaba y alababa la idea de tener más la pelota que el rival, algo que como principio de juego es fundamental, es básico. Sin embargo, el tener la pelota lo volvió predecible, carente de variantes y fácil de descifrar, en resumen, fue una posesión estéril, sin fuerza para combatir la tropa enemiga.

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La era Lillo en Nacional no comenzó bien. Primero porque tuvo que cargar con el duelo de todos tras la salida de Rueda, algo que aún es difícil de entender y de digerir. Segundo porqué quién lo contrató no tiene el perfil futbolero que hiciera que los aficionados confiaran a pleno en la decisión tomada y tercero porqué en su palmarés hay pocos títulos. Es cierto que no sólo quien da la vuelta olímpica es merecedor del rótulo de ganador. Pero también es cierto que a las buenas intenciones, a las buenas ideas de juego hay que acompañarlas de vez en cuando con una vuelta olímpica, por que desafortunadamente en el fútbol no existe una tabla de buen juego o no se dan premios por tener más la pelota que el rival.

De a poco la expectativa por la “innovación” Lillo fue decreciendo. Su plan de juego confuso para los jugadores, aunque la mayoría no lo reconocía, pero era lo que se veía en la cancha, fue cediendo. Jugadores como Henríquez atrás sufrieron la falta de un colectivo que los protegiera. En el medio nunca hubo un rol definido para jugadores como Nieto, Loaiza o Elustondo, y Macnelly, por momentos prisionero del esquema nunca se adueñó del juego como en la era Osorio o en la etapa de Rueda donde el hacía lo que quería, futbolísticamente hablando, y casi siempre tomaba decisiones acertadas. En punta, un equipo que se enorgullece de tener tanto la pelota no puede terminar rematando tan mal, o ganando como casi siempre paso por tan poca diferencia de goles.

Quedaron varias deudas:

– La eliminación tempranera en Copa Águila a manos de Patriotas y en casa.

– No tener gran brillo ante los gigantes del torneo en Colombia.

– Perder partidos como aquel ante Tigres, ya descendido.

– No sacar buenos resultados por fuera de su feudo donde casi siempre sufrió.

– Cuatro partidos sin ganar y sin marcar, cerca de igualar su peor registro histórico.

– Depender sólo de un jugador para marcar. No tuvo más variantes en ataque.

– Sacrificar a los extremos como Lucumí y Rentería haciendo toda la banda y alejándolos de su zona de influencia.

– La contratación de Elustondo que poco y nada ha aportado al club hasta el momento.

Terminó la era Lillo en Nacional, excelente ser humano pero de poca sintonía con la parcialidad nacionalista. Pasaron cinco meses desde su llegada y terminamos con más dudas que certezas. Pasaron cinco meses en los que lo único claro parecía ser que la mejor decisión fue la que se tomó en la tarde de hoy.

Mauricio Agudelo Arcila.